Reflexionar, opinar sobre cualquier inquietud. Mi objetivo es que hagamos una reflexión sobre lo que nos pasa en nuestras vidas, momentos difíciles cualquier cosa. Pretendo que todo el mundo opine libremente sobre un tema. Un saludo espero que disfrutéis con él y os sea útil."Este blog en la mayoría de las entradas son recopilaciones de la pág. de Shoshan y han sido publicadas anteriormente en Toda Mujer es Bella.
lunes, 26 de abril de 2010
Poemas muy significativos
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
..........................................................................................................................................................................
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma
jueves, 22 de abril de 2010
¿Por quien drias tu vida?
Mientras hablaba de otras cosas, y como si no quisiera la cosa, la siguiente cuestión me hizo plantearme de nuevo todo este sistema de valores que se supone llevamos a cuesta cada uno de nosotros.
¿por quien daría, o sería capaz de arriesgar la vida, es decir, mi vida?
Pronto llegué a la conclusión de que en ese momento no estaba capacitado para responder, y no porque no supiera decidir, sino porque realmente no sabría que hacer en ese mismo instante.
La verdad es que muy poca gente es sincera en este aspecto, pues realmente no existe tal altruismo, o tal egoísmo, pero por lo menos voy a ser sincero conmigo mismo, y voy a intentar aclarar dicha cuestión.
Tengo un especie de sensación que me hace ver que el hecho de dar la vida por alguien simplemente pasaría en condiciones extremas, pero también tenemos que tener en cuenta cuando ocurren condiciones extremas en nosotros.
Este es un tema largo y difícil de abordar, simplemente porque entran en juego todo tipo de artimañas y juegos verbales que hacen que nuestro ego salga victorioso aún a pesar de perder su propia existencia. Voy a intentar dejar a un lado todo ese tipo de juegos, pero por otra parte para que sepamos de lo que estamos hablando, y poder dejarlos a un lado, es necesario hacer constar de alguna forma que es lo que nos impide ser totalmente sinceros.
Empecemos.
La vida, tal y como es, desnuda e infinita, no es nuestra, y por lo tanto no podemos seguir hablando de "nuestra vida". Es cierto que caben destacar millones de matices ante esta frase, pero vayamos poco a poco.
El hecho que nos hace pensar de una forma diferente, es decir, lo que nos hace pensar que esta vida es nuestra, es simplemente todo el sistema de valores que engendramos y evolucionamos hasta el punto de comparar las cosas para determinar que esto es mejor que eso otro, y empezar a considerar que aquello que nosotros consideramos de mas "valor" empiece a formar parte de nuestra vida, mientras que lo demás es simplemente algo totalmente irrelevante.
En breves palabras, primero conocemos las cosas que hay a nuestro alrededor, luego las comparamos, y finalmente, aplicamos nuestros "infalibles valores" para determinar que es lo que nos va a acompañar en este viaje vital. Y cuando nos preguntan, decimos orgullosos, "miren, esta es mi vida". Perdón por la siguiente expresión, pero vaya estupidez.
La vida no es nuestra, y no debemos seguir engañándonos, lo único que nos pertenece son nuestras ilusiones y nuestros objetivos, y eso, es realmente efímero, puesto que no hay un solo instante que sea igual a otro, y por lo tanto nuestras necesidades cambian al igual que nuestras ilusiones.
Es necesario comprender que lo que hagamos, simplemente lo hagamos por el mero hecho de hacerlo, porque si lo hacemos por un objetivo en particular, realmente estaremos desaprovechando nuestro valioso tiempo en la tierra, despreciando "inconscientemente", todo tipo de sensaciones que nos hacen vivir la vida al desnudo y sin equipaje, para que así podamos ir mas lejos. pero bueno, no nos vayamos del tema.
Otro punto a tratar, es la decisión de arriesgar la vida por otra persona.
No puedo entender lo que algunas personas sienten cuando dicen que solo darían la vida por algunas persona a las que quiere, como si de alguna forma pusieran precio a las vidas dependiendo del grado de conocimiento que se tenga al respecto. O quizás despreciando toda vida ajena a su alrededor. (no se que seria mas oportuno).
En fin, el caso es que si se esta dispuesto a arriesgar la vida, (que por otra parte no es nuestra), se hace en cualquier circunstancia, y ante cualquier persona, y si no se esta dispuesto no se hace por nadie. Pero el paso intermedio es realmente ruin. Explicaré el porqué.
Si logras ver que esta vida no es tuya, y que simplemente estas aquí para disfrutar de lo que "te toque", entonces estarás dispuesto a vivir en el momento y en el ahora, sin ilusiones ni objetivos efímeros, sino que el día a día, momento a momento, se convertirá en tu desnudez y tu infinitud, y en esa conducta no es necesario responder a dicha pregunta, porque solo en el instante que ocurra, sabrás lo que hacer o no hacer.
En esa conducta no hay un arriesgar, porque no hay nada que perder. Por lo tanto solo existe la acción que implica decisión madura, sin tener que pasar por el realmente degradante hecho de poner precio o distinción a las vidas.
Si no logras ver eso, hay varias opciones que pueden suceder.
Una de ellas, es que en el momento en el que te ocurra esa situación extrema, estés preso de uno de esos efímeros objetivos o ilusiones,(que al final siempre terminan desilusionando), y simplemente estar así en un estado en el que aún no has descubierto el sentido de tu propia vida y decidas por eso aferrarte a lo conocido, que es la vida. Repito que en estos momentos uno es preso de sus objetivos, y por lo tanto de momento se esta dormido ante la verdad, y ese hecho, de alguna manera le convierte en el ignorante que sigue adelante.
Pero hay otra opción, y es la que mas miedo me da, porque es la que demanda mas cobardía. Esa, es la opción de saber de alguna forma todo esto, y simplemente seguir comparando y poniendo precio a las vidas de nuestro alrededor debido a que no somos lo suficientemente inteligentes como para ir mas allá de nuestro propio orgullo, y nuestro propio egoísmo. Al parecer esta última opción está muy generalizada, y eso de verdad que me da pena.
Ese paso es realmente ruin, porque te hace ver que tan egoísta eres, y eso poco a poco te corroe y te pudre por dentro.
Yo no necesito arriesgar nada, ahora no tengo nada, pero es que tampoco será nada lo que me lleve en mi viaje mortal. Por lo tanto vivo el ahora intentando sacarle el mayor jugo posible a esta vida que no es mía ni tuya.
No necesito responder a esa pregunta, porque el momento aún no ha llegado, y realmente "pido fuerzas" para que cuando llegue, si es que lo hace, sepa decidir de forma madura.
lunes, 29 de marzo de 2010
Atrevete a Cambiar
Por ejemplo, la computadora Apple tiene su sistema operativo Mac. Es especializado para arquitectos y diseñadores. Los que quieran cambiarse a una pc con sistema Windows, necesitarían aprender a manejarlo. Tendrían que invertir tiempo y experimentar algo nuevo.
Por eso se quedan fieles a Mac.
Este artículo mencionaba, que cuando las personas invierten tiempo y dinero en algo: una casa, viajar en la misma aerolínea, etc. se aferran a él. Crea un compromiso emocional que hace que no deseen cambiar.
Por el costo emocional del cambio.
Comparé las similitudes de este concepto con nuestra vida diaria.
Personas que duran en el mismo trabajo 30 o más años, en una labor que ya no les motiva y solo esperan el día de la jubilación en el que ya no tengan que trabajar.
El costo de cambiar a otro trabajo no lo quieren pagar. Han creado antigüedad. Conocen a los mismos amigos de siempre. Su trabajo ya no representa ningún reto, lo pueden hacer con los ojos cerrados.
No se dan cuenta que al no pagar el precio del cambio, está matando su vida emocional.
Mujeres que se encuentran en una relación amorosa sin salida, con hijos, y que no desean terminar esa relación. Hacen suyo el dicho "más vale malo conocido que bueno por conocer". Después de todo, no es tan mala la situación. Reciben dinero, y los maltratos ya son los de siempre. Empezar una nueva relación, con el miedo al que dirán y la posibilidad de fracasar las inmoviliza.
No se dan cuenta que están muertas en vida.
Cuando inviertes años de tu vida en algo, no importa lo dañino que sea, te hace aferrarte a el ¿Cómo voy a tirar los años invertidos en esto? No, no lo voy a perder.
Yo trabajaba vendiendo programas vacacionales. Tienes que pagar un enganche fuerte y mensualidades por uno, dos, o tres años y así tener el derecho de viajar por 30 años a tu destino favorito.
Lo que con frecuencia pasaba, es que se saturaban los destinos y las personas perdían ese dinero. Había años en los que no viajaban. Y perdían el dinero.
Una señora que había hecho esta inversión y por dos años no había podido viajar por la saturación de las fechas me comentó: "Mi esposo ya quería cancelar la membresía porque no la hemos podido utilizar, ya no quería seguir pagando las mensualidades. Pero yo le dije que no podíamos perder lo que habíamos invertido. Y decidió seguir pagando".
Con honestidad, no pude dejar de ver la inutilidad de esto.
¿Qué no podía perder lo que había invertido? YA LO HABIA PERDIDO, DE TODAS MANERAS. Hubiera sido más sano no seguir pagando las mensualidades, y a partir de ese día ahorrar para viajar cuando ellos quisieran.
Lo mismo pasa con relaciones tormentosas o inversiones en otros aspectos de tu vida.
Puedes sentir tentación de seguir, por el tiempo y esfuerzo invertidos. Es una tontería.
Lo perdido, perdido está. Como diría aquel poema de Machado "Solo quedan estelas en el mar". El pasado solo deja estelas cuando miras atrás. Ya pasó. Pero tu vida siempre comienza de nuevo, a partir del día de hoy.
Termina esa relación que ya no te deja nada, hoy mismo. No importa el tiempo invertido. Comienza de nuevo, a partir de hoy. No importa cuanto tiempo tengas en ese trabajo. Busca una nueva aventura en otro lado. Paga el costo del cambio.
Seguir con lo conocido, es vivir como un pájaro enjaulado. Tiene su comida segura y está protegido contra la intemperie. Pero no es feliz.
En cambio, el pájaro salvaje tiene que enfrentarse a los depredadores. Puede pasar hambre. Puede mojarlo la lluvia. Pero puede extender sus alas y volar a todo lo ancho del mundo.
Con su vida arriesgada, de incertidumbre, es más feliz que el pájaro enjaulado.
Así que recuerda: el costo del cambio nos aferra emocionalmente a cosas que ya no tienen sentido el día de hoy. Paga el costo del cambio. Que tu vida sea una hermosa aventura.
Abre las alas como el pájaro salvaje y explora lo ancho del mundo.
Vas a ser más feliz. Te lo garantizo.
Y tú...
¿Te atreves a cambiar?
Edgar Martínez
miércoles, 24 de marzo de 2010
Si quieres amistad...
Si quieres amistad, antes de nada tú debes ofrecerla. Andrew Matthews |
viernes, 12 de marzo de 2010
¿Qué hacer? ¿ Comó afrontar las cosas?
viernes, 26 de febrero de 2010
Saber Dar
El hombre que estaba tras el mostrador, miraba la calle distraídamente. Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto.
Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul
"Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien", -Dice ella.
El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:
-¿Cuánto dinero tienes?
Sin dudar, ella sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
"¿Eso alcanza?"
Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa. "Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y tengo el convencimiento que quedará feliz con el collar, que es del color de sus ojos".
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
"Toma, dijo a la niña. Llévalo con cuidado".
Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.
Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:
"¿Este collar fue comprado aquí?
"Sí señora".
"¿Y cuanto costó?
"Ah!", - habló el dueño del negocio-, "El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".
La joven continuó:
"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero ¿No?. Ella no tendría dinero para pagarlo".
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven.
"Ella pagó el precio mas alto que cualquier persona puede pagar.
ELLA DIO TODO LO QUE TENIA"
El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
MORALEJA:
La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones.
La gratitud de quien ama no coloca límites para los gestos de ternura.
Sé siempre agradecido pero no esperes el reconocimiento de nadie.
Gratitud con amor no solo reanima a quien recibe, sino que reconforta a quien ofrece.
La vida mejora con cada día que pasa siempre y cuando demuestres una actitud positiva
sábado, 13 de febrero de 2010
Los tesoros de la vida
Asómbrate ante la luna llena,pero nunca intentes cogerla, su lugar está en los cielos.
Caliéntate con el sol, pero nunca olvides que no te pertenece, es de todas las criaturas, grandes y pequeñas.
Sueña con las estrellas , pero deja que brillen altas en el cielo nocturno: ése es su lugar.
Nunca intentes detener el viento ni te escondas de él, le susurrará a tu alma la verdad.
Abre todas las puertas y ventanas que aparezcan entu vida y mantendrás las ganas de vivir.
Sin esas ganas no irás a ninguna parte.
Pero, por encima de todas las cosas, confia en ti.
Sé leal a ti mismo.
sé una version de primera clase de ti mismo antes que una version de segunda de otros.
Vivir la vida de otrsos te condenará a matar la tuya.
jueves, 11 de febrero de 2010
Ojos de Diamante Parte Final
En esta obra de teatro que es la vida, donde no somos sino títeres encabezados por los hilos del tiempo y de la casualidad, nunca comprendí que pudiésemos ser hacedores de nuestro propio destino, de la senda de nuestra existencia. Ahora lo comprendo. Es tan sencillo manejar esos hilos del tiempo y de la casualidad. Un corte certero o un tardo desgarro que quiebre definitivamente el hilo y de esta suerte, que el último afán de nuestra voluntad pueda ser desempeñado por la muerte creándonos dueños del último segundo de nuestra vida.
Porque el control sobre la vida reside en determinar cuando queremos morir.
¿Fácil, verdad? Una pistola puede engendrarme señor de tu vida y de la mía. Y por ello me siento poderoso, como un océano cuya marea asciende desorbitadamente tras un lustro de sequía.
¿Y tú… cómo te sientes?
Podría preguntártelo, pero me viene a las mientes la rotura de tu mandíbula. Las pocas palabras que suspiran por tus labios no son sino gemidos y lamentos suplicantes; gemidos que me hinchan de bienestar y lamentos que ignoro como si un supremo silencio me hablase.
Lanzo una mirada por las ventanas del ático cerciorándome de que la tormenta prosigue aun cuando han reprimido sus truenos. Extraigo una cajetilla de tabaco y enciendo un cigarrillo.
Me arrellano en la silla y disfruto…, disfruto del aroma del tabaco que se estremece en mi alma como la caricia de un amante durante una noche apasionada; disfruto del sonido acompasado y armónico de la lluvia al batir el cristal de las ventanas como un timbal ajeno a la orquesta que recrea una música más sublime que el de la cofradía; disfruto del sabor aterrado que se derrama en mis labios cada vez que sorbo el aire de la atmósfera como el aliento de un café caliente en una gélida noche de invierno; disfruto de la visión sádica de tu cuerpo indefenso arropado en sangre y piel desgarrada.
Disfruto del recuerdo, de las líneas del pasado que se esbozan tras mis ojos dibujadas por los lápices del más expresivo y preciso pintor. Evoco sus labios, chicos como una perla, que pese a su pequeñez, resplandecen más que el más grande diamante. Y más feliz me siento, a más recordar las noches que nutrí entre sus brazos, bebiendo de su piel. Mas el recuerdo… es nostalgia, añoranza, menos felicidad.
Te miro. Te envidio. Te odio. Te recuerdo con ella, junto a ella.
Una lágrima se derrama desde mis ojos. Yo la amaba, yo la he amado más que cualquiera, yo me he rendido a sus encantos ofreciéndole el sacrificio de los míos, yo la he adorado como a una deidad, la he amparado como a un frágil tesoro…, y tú me la arrebataste, aun cuando no era mía.
Observé durante tantas noches como abrías tu pasión ante el fruto de sus labios, me atormenté con el pensamiento de vuestro romance durante tantos días… Arrancados el alma y el corazón por la obsesión, ni siquiera el cerebro me pertenecía después de recluirme en mis sentimientos. Sus ojos me descubrieron esclavo al enseñarme su amor, un amor que perduró como un suspiro sin aire y un esclavo que fue inmortal sin afán de vivir.
¿Por qué el amor me ha hecho tan desdichado? ¿Y a ti y a ella, tan venturosos? ¿Dónde encuentras ese camino, ese recodo, ese acantilado o ese océano infranqueable que te permite encontrar el jardín o el lago o la isla de la felicidad, de la fortuna, del cariño?
Si la envidia es un pecado capital del mismo modo que lo son la ira, la gula, la lujuria, la pereza, la soberbia y la avaricia, ¿por qué no resumirlos todos con un nombre masculino, como el amor? El pecado de amar: tan traicionero como un océano repleto de sirenas; sirenas de canto arrobador que te hechizan y te consumen hasta la muerte.
Ella fue una sirena, una hermosa sirena de verano que marcó mi existencia atrapándome en las líneas de su cuerpo que tan turbiamente dilucidaban mis ilusiones. Amar… una ilusión. Odiar… un hecho.
Con las lágrimas quemándome el rostro me atrevo a deslizar la mano al interior del bolsillo de la chaqueta. De ella extraigo una pequeña lámina de papel no más grande que mi mano, pero tan soberbia y temible como la propia muerte.
Es una fotografía, una fotografía que marca un antes y un después en el camino de la vida, cual símbolo que se adhiere a una sabiduría vendida por el dolor. El rostro de ella se figura sonriente en el interior del daguerrotipo con los labios abiertos y curvados y la enseña de los dientes centelleando y desafiando las virtudes del sol. La foto se concibe sobre un fondo blanco, como nubes de cielo o espuma de mares, pareciéndome ella un ángel en la pureza del esplendor.
Es tan hermosa…, siempre lo ha sido.
Observo detenidamente su rostro fotografiado mientras la nostalgia, el deseo y el recuerdo frenan el paso del tiempo en la realidad que nos esclaviza. Examinando la pulcritud de sus mejillas, el resplandor de sus pupilas y el fuego ostentoso de sus cabellos parezco un anciano momificado incapaz de morir, condenado a una eternidad de pesadumbre y avidez, de sed y de hambre.
Cierro los ojos, aislándome todavía más en los abismos de la discordia mental. Y veo… y la veo tendida sobre el colchón de su dormitorio con los muslos medio desnudos y la cabeza apoyada contra la almohada, mientras sus ojos entornados me vislumbran de soslayo iluminados por una chispa de pasión y confidencia. De sus labios tan solo recuerdo el tacto trémulo y vago de una gloria antaño hermosa y compartida, y ahora lóbrega y anhelada.
Abro los párpados de súbito porque la memoria de noches pasadas y distantes me atormenta como una daga clavada en las profundidades de las entrañas y cuyo óxido se dispersa lentamente hacia el entorno del alma. Mis ojos se encuentran con la fotografía, la hermosa estampa de su rostro eternamente juvenil y encantador. Paso la vista por encima del retrato y te contemplo con desprecio, también con codicia y celos. Eres la persona a la que menos aprecio y a la que más envidio:
Tú también apareces en la fotografía, junto al de ella.
Mis manos tiemblan con la foto a merced de un caos irrefrenable donde la furia y el cariño de mi corazón se enfrentan al contemplar el retrato de vuestros rostros.
Ojalá pudiera durante unas horas ser un hombre feliz entre sus brazos y morir después amparado por la felicidad del momento. Ojalá tuviese la voluntad ingente y necesaria como para alzarme de la tumba de mi cerebro y vivir durante un tiempo con el corazón.
Pero mi única opción es resignarme, derretirme a merced del tiempo mientras el frescor de las lágrimas de mis ojos me rememora el sufrimiento que significa el vivir. Y tras el afligido espejo de dichas lástimas, observo agónico tu agonía, conociendo en el fondo de mi alma y aborreciendo aún más en el fondo este conocimiento, que el último consuelo y bienestar para mí está encadenado, irremediablemente, a tu sufrimiento y destrucción. Porque el amor, cuando es tan grande, no tiene cabida dentro de un único corazón y así termina explotando y convirtiendo lo más hermoso en lo más brutal.
Aspiro el concluyente aliento del cigarrillo y arrojo el deshecho al suelo, inmune a toda moral y respeto. Con ambas manos y empleando ligeramente las puntas de los dedos, coloco la fotografía en diagonal a la luz que fluye del techo.
Y todo se ilumina. ¿Por qué? Porque su rostro de dieciséis veranos paralizado en el pasado, pero igualmente grácil, me sonríe. Y todo se oscurece. Porque junto a su mejilla morena de terciopelo, se ríe tu rostro, tus labios de muchacho ambicioso y apuesto capaz de seducir a cualquier chica.
Ignoro cuando fue tomada la foto, pero tu retrato y el suyo parecen estar representados fuera del tiempo y del espacio. ¡Y no! No quiero. Quiero olvidar que estuviste con ella, amándola como yo la amé. Quiero olvidar que la belleza de la chica más hermosa de la historia de la humanidad no fue tocada por nadie, salvo por mí. Quiero soñar, olvidar tu cara y deleitarme con la suya sin el acecho de tu mirada azul.
Furioso, deshojo el daguerrotipo por la mitad, arrancando tu semblante de la fotografía y estrujándolo poco después. Esbozo una sonrisa repleta de maldad. Ahora ella es la única silueta del retrato, y rodeada de soledad, es como el sol: demasiado esplendorosa y deslumbrante como para poder ser acompañada por otros astros o satélites.
Sonrío viendo la foto, ahora libre de ti. La acerco a mis labios y la beso tiernamente como si la realidad engendrase un amante ilusorio. Suspiro de complacencia y guardo la foto en el bolsillo, eludiendo arrugar los vértices.
Ahora me siento mejor.
Me levanto de la silla y devuelvo la mirada a tu cuerpo hundido en sangre. Continúas en el mismo estado, aunque más cerca de la muerte. Como todo, tu final se avecina. Ya no me regodeo con la imagen de tu sufrimiento. El placer del pretérito ha sucumbido a la monotonía, tal y como tarde o temprano sucede con todos los placeres. Siempre me faltó imaginación para no caer en la rutina. Ora poco importa.
En un rincón del ático yace una vieja escopeta que perteneció a mi abuelo en tiempos de guerra, utilizada en defensa de la república y de la democracia. Yo la utilizaré en defensa del amor y del odio; que al fin y a la postre, semejantes son: locuras del sentimiento humano.
Te apunto con el arma.
Un rayo resplandece fuera del ático y de seguido el rugido de su paso devora la resonancia de la bala. Cierro los ojos, intentado recobrarme del áspero olor del humo polvoroso.
Cuando los abro y me topo con la muerte de tu cuerpo, me embarga el mismo sentimiento que me embargó cuando culminó mi primera relación sexual. Me siento fatigado, pero ansioso de un placer que ya ha sucedido. Ojalá pudiese volver a matarte. Es extraño. Ni siquiera entiendo porqué sigo hablando contigo, ahora que has muerto.
¡Qué importa…!
Minutos después me encuentro en la calle caminando bajo la lluvia, pensativo y acompañado por la muerte, perseguido por el recuerdo de un sangriento homicidio, por la huella de mi infamia que me acosará hasta que el infierno me usurpe el cerebro.
El frío me golpea la cara con suavidad como si quisiera despertarme cariñosamente de mis sueños, y humedece mi extravagante y enigmática sensibilidad con un rocío de amparo y comprensión. Ni siquiera la naturaleza, aun siendo yo hijo de su virtud, me entiende.
Continúo deambulando por la acera, tan muerta como la soledad, tan sola como la muerte, y luego de un paseo donde se bifurcan mis pensamientos y converge mi destino, me detengo en un elíseo parque, fúnebre a causa de la tormentosa madrugada.
Abro la mirada hacia la vertiginosa lluvia que cae de arriba abajo, igual que siempre y sin pausa. Se me figuran las gotas el paso del tiempo de cada una de las vidas del mundo. Tarde o temprano, todas se estrellan contra el suelo. Traspaso con la mirada los umbrales de la vida y de la muerte. En el firmamento no hay luces. ¿Dónde se resguardarán los ángeles del cielo en tales noches de diluvio? ¿Y cómo puede calentarse un corazón tan frío como la muerte, pero aún vivo?
¡Qué más da! Poco importa. ¿Qué estimar más que la felicidad de cada uno, la felicidad del egoísmo?
Entonces, me pregunto, ¿soy feliz? Me río, resignado…
No, claro que no lo soy. Pero unos minutos atrás, mientras le torturaba, sí lo era.
Deslizo la mano hacia el bolsillo del abrigo y extraigo la fotografía donde aparece el rostro de ella, de mi amada. Es tan hermosa, tan delicada, tan grácil…
Y me pregunto: ¿soy feliz? No, no lo soy, pero muchos meses atrás, mientras estuve con ella, sí lo fui.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Ojos de Diamante Parte 3
Los truenos enmudecen unos segundos, dejándome a solas con los aullidos de tu sufrimiento, tan ajeno y visible. Parece que duele… sí, debe escocer mucho que pulverice el símbolo de tu virilidad. No debería importarte mucho; la última mujer que dormirá entre tus brazos será la muerte.
Mujeres… ¿crees absurdo que una mujer sea la causa de este episodio de sangre y tormento? ¿Crees absurdo que el odio sea el hermano mayor del amor? Sí, a mí también me hubiese parecido absurdo hace muchos años, antes de enamorarme, antes de conocerla. Ahora, empero, lo absurdo es tan cotidiano e inapelable como los latidos del corazón.
Escupo al suelo y divago lentamente por el ático dibujando círculos a tu alrededor como un buitre hambriento. Estás tirado en mitad de la áspera y fría superficie. Ni siquiera tienes fuerzas para moverte o pedir auxilio.
De poco te serviría…
Pulso el interruptor de la luz. Estoy cansado del rumor y de los pestañeos de la tormenta, harto de vislumbrar tu mirada dolida y tus labios rotos vestidos de penumbra. Bajo la luminosidad de la bombilla desnuda que pende del techo puedo observarte mejor y deleitarme aún más con la desdicha de tu destino.
Te odio.
Los celos, la envidia y el rencor son como el cariño, el amor y el apego, pero en un formato destructivo capaz de arrasar los corazones expuestos a su furia. Y mi corazón tiempo atrás fue arrasado por los ojos de una chica…
Ojos… no; ¡balas de diamante! ¡Flechas de sol! Si hubiese nacido ciego, no me habrían arrancado el corazón. Y tú estarías sano y salvo.
Pero es irreversible. A cada cual le corresponden ciertas cualidades, eventos y alternativas. Lo único que nos corresponde es la elección, una elección siempre subordinada a nuestro propio ego. Muy pocos son capaces de perfeccionarse así mismo, de renunciar a su personalidad y de engrandecer su alma para encontrar la felicidad, el orgullo y la gloria de quien ha cambiado para bien.
Yo, por ejemplo, he cambiado. He arruinado mi existencia por esa chica de ojos de diamante; he derrochado tiempo, amistades y fortuna por ella; he trastornado mi comportamiento por querer lograr su corazón. Pero no he cambiado para bien, sino para mal.
Lo que te estoy haciendo lo demuestra.
Una gota de fatiga me está enfriando por dentro. El esfuerzo me agota. Comprendo que tras esta noche me consumiré en la apatía y en la indolencia, seré un bastardo insensible con el único destino de colmar unos deseos desconocidos para sí mismo, buscando una felicidad que el propio corazón no puede comprender, que desconoce, y que no obstante, lo enriquece y alivia.
Es tarde, mejor será abandonar las reflexiones sobre el porvenir que sólo atestiguarán mi incertidumbre. Mejor será acabar cuanto antes…
Tras haber encendido la luz del ático, puedo descubrir una silla de madera ubicada contra la pared. La agarro por el respaldo y la sitúo frente a ti sin cesar de mirarte. Me siento en ella con el respaldo de la silla por delante de forma que puedo apoyar los codos sobre ella.
Veo que intentas incorporarte. Inútil. Las ataduras en muñecas y tobillos te impiden maniobrar. Sonrío. Nunca pensé que la crueldad pudiera embargarme de bienestar y consuelo, nunca creí que el odio pudiese parecerme algo tan hermoso como el amor. ¿Pero quién no se ha equivocado una vez, o muchas? ¿Quién puede ser tan vanidoso y empedernido como para no pedir perdón y no admitir sus defectos, sus desaciertos? ¿Quién?… Sólo se me ocurre un nombre…
Ella siempre fue tan sólida, tan inconcusa, tan soberbia y altiva. Tan orgullosa y terca. Y sin embargo, supongo que los dioses deben ser engreídos y arrogantes, pues si humildes y honrados fuesen, degeneraría su poder hasta el punto de la debilidad. Ella siempre fue una diosa, mi diosa.
Supongo que alguna vez se lo dije, en vano.
martes, 9 de febrero de 2010
Ojos de Diamante Parte 2
Odio a los mujeriegos, siempre los he odiado. ¿Sabes por qué? Porque gozan de la oportunidad de concebir el amor y lo sacrifican a favor del sexo. Yo siempre anhelé el amor por encima de todo; el sexo nunca abarcó el arca vacía de mi felicidad, quizá porque los muros de la soledad se erigían demasiado vastos y elevados.
Furioso conmigo mismo te ataco precisa y directamente con la punta del duro calzado. Te aplasto la entrepierna sin piedad mientras tus ojos azules se estremecen por el dolor. Tu rostro se contrae. Me pareces un papel viejo, arrugado y amarillento, fácil de estrujar y de lanzar a la basura.
Para mí no eres más que eso: basura.